Más de 100 tribus vivieron en nuestras tierras y no existe ningún descendiente

Licenciado Jesús Sotomayor Garza, Cronista de la Ciudad

Julio Luna

  · lunes 12 de agosto de 2019

Cronista de la ciudad, Licenciado Jesús Sotomayor Garza / Avril Castro

Fueron más de 100 tribus las que habitaron nuestras tierras de la comarca lagunera de Coahuila y Durango. Desgraciadamente ningún descendiente de las tribus sobrevive actualmente, y de todas las etnias, la más conocida fue la de los irrítalas, asegura el cronista de la ciudad Jesús Sotomayor Garza.

Pueblos de la Tradición del Desierto se asentaron en el área de la Comarca Lagunera, rodeada de grandes macizos orográficos; en su superficie crece la típica vegetación de las zonas áridas: agaves, yucas, lechuguillas, etc.

La laguna que dio nombre a la región era la “Laguna grande de la Nueva Vizcaya”, posteriormente conocida como “Laguna de Parras”, “Laguna de San Pedro” y “Laguna de Mayrán”. Era la mayor entre varias lagunas formadas por los ríos Nazas y Aguanaval. Se trataba de caudalosos ríos de desembocadura interna, de ahí que dieran origen a toda una comarca de lagunas, estaban las del “Caimán” o “Tlahualilo”, la del “Álamo” (Viesca) e innumerables charcos. El río Nazas y el río Aguanaval ya no corren porque sus aguas se detienen en represas que se encuentran en el estado de Durango.

Fueron excelentes en la creación de cordajes y textiles que decoraban en colores rojo, azul y café

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Los irritilas estaban asentados en estas lagunas (de allí el nombre de “laguneros”), y allí se ubicaban sus aldeas principales.

Las crónicas jesuitas mencionan en La misión de Parras que esta etnia no era homogénea, sino que estaba compuesta por más de doce tribus de lengua distinta pero que se comunicaban entre sí en náhuatl.

En 1557 los españoles fundan Zacatecas y de ahí avanzan en caravanas de conquista hacia el norte, siempre buscando minas de oro y plata y en 1563 fundan Durango, desde donde salen expediciones en todas direcciones; así llegan a la gran laguna a cuyas orillas había muchos pobladores irritilas.

Habitaban chozas tipo campana hechas de carrizo y zacate; cada familia tenía su propio fogón y vestían con pieles de animales curtidas.