/ viernes 10 de mayo de 2024

¿Cómo está la confianza en la democracia representativa en el mundo y en particular en México?

La situación que vive el país en relación con la violencia y el clima de confrontación, genera una sensación de incertidumbre, temor y desconfianza, y más preocupante porque estamos en plenas elecciones. Hay quienes se cuestionan la perspectiva de la democracia electoral en medio de un clima de violencia. Hay muchas regiones del país controladas por grupos delincuenciales y en ellas hay dudas, si van a poder llevarse a cabo las elecciones. En los años de 2006 al 2012 en Coahuila, y en particular en La Laguna, en colonias donde controlaban los grupos delincuenciales, el día de las elecciones, esos grupos no permitieron a los votantes salir a votar. Hoy cada día nos enteramos de candidatos a diferentes puestos de elección popular, asesinados. Lo que muestra que en muchas regiones del país hay mal clima. Hay miedo.

También, ahora en el mundo, por lo que ha pasado con las elecciones en diferentes países, en particular por los que resultan electos, hay voces que se preguntan si la democracia electoral ya está en proceso de agotamiento. Otros, plantean que las elecciones no son ya la mejor forma de elegir a las autoridades, incluso se preguntan: ¿sirven las elecciones?

Por su parte, David Runciman en un artículo reciente, intitulado Así termina la democracia, publicado en un sitio de internet, esto es en Ethic, un ecosistema de conocimiento, nos dice: Y, sin embargo, transcurridas ya dos décadas del siglo XXI, nos sentimos inesperadamente obligados a preguntarnos: “¿Así se acaba la democracia?”. Y nos habla de otras señales no tan evidentes y se pregunta: “¿y el otro peligro: el de que mientras nos fijamos en las señales más conocidas de esa clase de caídas de los regímenes democráticos, nuestras democracias estén fallando en puntos y aspectos que no nos son tan conocidos?”.

Sostiene que esto último es muy preocupante, y agrega, nuestras sociedades son demasiado diferentes, demasiado acomodadas, demasiado envejecidas y ahora demasiado interconectadas en red. Y señala, cuando la democracia se termine, probablemente nos sorprenderá la forma en que lo hará. Puede que ni siquiera notemos que está ocurriendo, porque nos estaremos fijando en otros aspectos o en otras cuestiones. Nos recuerda que nada dura eternamente.

La democracia ni avanza linealmente, ni ha mantenido un crecimiento sostenido, unas veces avanza sin contratiempos, otras veces da traspiés. En América Latina la democracia electoral en algunos países avanzaba, y luego para atrás. Un golpe de Estado o un pronunciamiento militar la enterraba. Entre otros ahí están los ejemplos de Nicaragua y de Chile.

Ante estos escenarios debemos preguntarnos qué hace que la democracia electoral se consolide o que se deteriore. Sin duda es una cuestión de confianza. En nuestro país, en el año 2000, se concretó la alternancia y ello abrió nuevas esperanzas en la democracia electoral. Luego de dos sexenios gobernados por el PAN, regresó el PRI. Y en el 2018 ganó Morena, un partido que llevaba apenas tres años de constituido, los electores depositaron su confianza en una nueva opción, hoy grandes sectores están desencantados de los partidos.

¿Será que los electores buscan nuevas opciones para depositar su confianza?, ¿será que buscan opciones ciudadanas? Por lo pronto las encuestas muestran un buen porcentaje de indecisos, ¿será que no tienen confianza en las encuestadoras, o en los candidatos o en el sistema de elecciones? Por otra parte, en un buen número de elecciones pasadas, está claro que las encuestas fallaron.

Por ejemplo, en la elección donde compitieron Miguel Ángel Riquelme por la presidencia municipal de Torreón y Fernando de las Fuentes por la de Saltillo, las encuestas publicadas exhibieron resultados donde Fernando ganaría la elección y Riquelme perdería, y ¿el resultado?: Riquelme ganó y Fernando perdió. ¿Las encuestas fallaron? O los electores ya perdieron la confianza en las encuestas, o las casas encuestadoras no han percibido que las encuestas ya no funcionan. La propia democracia sufre de desconfianza, los ciudadanos ya no consideran que las elecciones periódicas cumplan su función. En consecuencia que los regímenes democráticos electorales están padeciendo el fenómeno de la rana hervida, está creciendo la irritación por la incapacidad de la democracia y no lo percibimos.

jshv0851@gmail.com

La situación que vive el país en relación con la violencia y el clima de confrontación, genera una sensación de incertidumbre, temor y desconfianza, y más preocupante porque estamos en plenas elecciones. Hay quienes se cuestionan la perspectiva de la democracia electoral en medio de un clima de violencia. Hay muchas regiones del país controladas por grupos delincuenciales y en ellas hay dudas, si van a poder llevarse a cabo las elecciones. En los años de 2006 al 2012 en Coahuila, y en particular en La Laguna, en colonias donde controlaban los grupos delincuenciales, el día de las elecciones, esos grupos no permitieron a los votantes salir a votar. Hoy cada día nos enteramos de candidatos a diferentes puestos de elección popular, asesinados. Lo que muestra que en muchas regiones del país hay mal clima. Hay miedo.

También, ahora en el mundo, por lo que ha pasado con las elecciones en diferentes países, en particular por los que resultan electos, hay voces que se preguntan si la democracia electoral ya está en proceso de agotamiento. Otros, plantean que las elecciones no son ya la mejor forma de elegir a las autoridades, incluso se preguntan: ¿sirven las elecciones?

Por su parte, David Runciman en un artículo reciente, intitulado Así termina la democracia, publicado en un sitio de internet, esto es en Ethic, un ecosistema de conocimiento, nos dice: Y, sin embargo, transcurridas ya dos décadas del siglo XXI, nos sentimos inesperadamente obligados a preguntarnos: “¿Así se acaba la democracia?”. Y nos habla de otras señales no tan evidentes y se pregunta: “¿y el otro peligro: el de que mientras nos fijamos en las señales más conocidas de esa clase de caídas de los regímenes democráticos, nuestras democracias estén fallando en puntos y aspectos que no nos son tan conocidos?”.

Sostiene que esto último es muy preocupante, y agrega, nuestras sociedades son demasiado diferentes, demasiado acomodadas, demasiado envejecidas y ahora demasiado interconectadas en red. Y señala, cuando la democracia se termine, probablemente nos sorprenderá la forma en que lo hará. Puede que ni siquiera notemos que está ocurriendo, porque nos estaremos fijando en otros aspectos o en otras cuestiones. Nos recuerda que nada dura eternamente.

La democracia ni avanza linealmente, ni ha mantenido un crecimiento sostenido, unas veces avanza sin contratiempos, otras veces da traspiés. En América Latina la democracia electoral en algunos países avanzaba, y luego para atrás. Un golpe de Estado o un pronunciamiento militar la enterraba. Entre otros ahí están los ejemplos de Nicaragua y de Chile.

Ante estos escenarios debemos preguntarnos qué hace que la democracia electoral se consolide o que se deteriore. Sin duda es una cuestión de confianza. En nuestro país, en el año 2000, se concretó la alternancia y ello abrió nuevas esperanzas en la democracia electoral. Luego de dos sexenios gobernados por el PAN, regresó el PRI. Y en el 2018 ganó Morena, un partido que llevaba apenas tres años de constituido, los electores depositaron su confianza en una nueva opción, hoy grandes sectores están desencantados de los partidos.

¿Será que los electores buscan nuevas opciones para depositar su confianza?, ¿será que buscan opciones ciudadanas? Por lo pronto las encuestas muestran un buen porcentaje de indecisos, ¿será que no tienen confianza en las encuestadoras, o en los candidatos o en el sistema de elecciones? Por otra parte, en un buen número de elecciones pasadas, está claro que las encuestas fallaron.

Por ejemplo, en la elección donde compitieron Miguel Ángel Riquelme por la presidencia municipal de Torreón y Fernando de las Fuentes por la de Saltillo, las encuestas publicadas exhibieron resultados donde Fernando ganaría la elección y Riquelme perdería, y ¿el resultado?: Riquelme ganó y Fernando perdió. ¿Las encuestas fallaron? O los electores ya perdieron la confianza en las encuestas, o las casas encuestadoras no han percibido que las encuestas ya no funcionan. La propia democracia sufre de desconfianza, los ciudadanos ya no consideran que las elecciones periódicas cumplan su función. En consecuencia que los regímenes democráticos electorales están padeciendo el fenómeno de la rana hervida, está creciendo la irritación por la incapacidad de la democracia y no lo percibimos.

jshv0851@gmail.com